¿Qué es la sinodalidad?

Synod

¿Alguna vez se ha preguntado qué es REALMENTE un sínodo… y cómo funciona?

La palabra sínodo proviene del griego y significa «caminar juntos».

Un sínodo en la Iglesia católica es una reunión de los bautizados para orar, escuchar, discernir y ofrecer orientación sobre asuntos que afectan la vida y la misión de la Iglesia.

Los sínodos son consultivos: no cambian la doctrina de la Iglesia ni sustituyen la autoridad de sus líderes. Más bien, ayudan al Papa, al obispo o al párroco a ser un líder más eficaz para el pueblo encomendado a su cuidado: un líder abierto a la acción del Espíritu Santo en la comunidad.

La sinodalidad no debilita la autoridad del líder, sino que la apoya y enriquece.

Los sínodos han formado parte de la Iglesia desde los comienzos de nuestra historia, empezando por el Concilio de Jerusalén descrito en Hechos 15. Después de varios sínodos celebrados en la Iglesia primitiva, san Juan Crisóstomo llegó a afirmar, en el siglo IV, que «las palabras sínodo e Iglesia son sinónimas».

En nuestro tiempo, el papa Francisco y el papa León nos han enseñado que la sinodalidad —esta manera de escuchar, discernir y «caminar juntos»— es una dimensión esencial de la vida y la misión de la Iglesia.

Entonces, ¿cómo se lleva a la práctica un sínodo?

In the Diocese of Phoenix, Bishop Dolan uses synodal listening sessions to help him discern important pastoral questions. These sessions follow a method called Conversation in the Spirit

After prayer and an invocation of the Holy Spirit, participants gather in small groups. A question is presented, and each person shares, while everyone else listens respectfully, without interruption or debate. Following a period of silence, participants then reflect one-by-one on what resonated with them in what they heard. After another time of prayer, each person shares the insights they believe the Holy Spirit is bringing to the group. 

A scribe records the group’s insights — but not who said what — and, if several groups are participating, their conclusions are shared with the larger synodal assembly for discernment… before being presented to the bishop for his decision. 

Preguntas frecuentes

La sinodalidad es un estilo, una cultura y una manera de pensar y de ser que refleja la verdad de que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo, quien permite que cada persona ofrezca su propia contribución a la vida de la Iglesia. El proceso sinodal busca «fortalecer la cooperación» en todos los ámbitos de la misión de la Iglesia y fomentar la comunión, la participación y la misión.

En palabras del papa León: «El legado que él [el papa Francisco] nos ha dejado, a mi parecer, es ante todo este: que la sinodalidad es un estilo, una actitud que nos ayuda a ser Iglesia promoviendo experiencias auténticas de participación y comunión» (León XIV, encuentro con la Secretaría General del Sínodo, 26 de junio de 2025).

La sinodalidad se refleja en un estilo consultivo de gobierno, en el que las personas participan en la toma de decisiones, comparten la responsabilidad por la misión de la Iglesia y cooperan y colaboran más en la vida cotidiana de la Iglesia. Algunos llaman a esto «corresponsabilidad». La Iglesia no es una monarquía ni una democracia, sino un Pueblo de Dios peregrino que camina unido hacia el Reino de Dios.

Una reunión sinodal no es un parlamento, una convención ni una encuesta de opinión. Es un proceso de consulta, realizado en un ambiente de oración, en el que participa el Pueblo de Dios —laicos y laicas, religiosos consagrados y clérigos—, cuyos integrantes se escuchan, comparten y disciernen juntos para ofrecer orientación a la autoridad eclesiástica competente —el Papa, el obispo o el párroco— y ayudarla en la toma de decisiones. «El Sínodo es un acontecimiento eclesial, y su protagonista es el Espíritu Santo. Si no está el Espíritu, no habrá Sínodo» (papa Francisco, 9 de octubre de 2021).

El papa León, durante su Consistorio Extraordinario con el Colegio Cardenalicio, celebrado el 26 de junio de 2026, afirmó:

«La sinodalidad no es, ante todo, un conjunto de procedimientos… Es una actitud, una apertura, una disposición para comprender. En ocasiones se ha interpretado como una disminución de la autoridad. En realidad, nos ayuda a comprender más profundamente el significado de la autoridad misma, que existe para salvaguardar la comunión, fomentar la participación de todos y guiar el camino común de la Iglesia».

La sinodalidad, por tanto, fortalece la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, pues todos los miembros del Pueblo de Dios colaboran para orientar el rumbo de la Iglesia. La sinodalidad no busca cambiar la doctrina de la Iglesia. Es una manera de descentralizar y compartir la toma de decisiones, manteniendo al mismo tiempo la integridad doctrinal de la Iglesia.

La sinodalidad es la manera en que la Iglesia camina unida en comunión y misión. Es una actitud de escucha y discernimiento que profundiza —no disminuye— la autoridad de los pastores, ayudándolos a ejercerla al servicio del Pueblo de Dios.

¡Todos los bautizados!

Una reunión sinodal no es exclusivamente una reunión de expertos o líderes. Es una reunión del Pueblo de Dios —obispos, clérigos, religiosos y fieles laicos— que escucha unido al Espíritu Santo. Toda persona bautizada tiene una voz que aportar mediante el discernimiento realizado en oración, mientras que el obispo o el párroco sigue siendo responsable de discernir y guiar el camino de la Iglesia en comunión con toda la Iglesia.

El énfasis no recae en un comité selecto, sino en que la Iglesia aprenda a vivir como una comunidad en la que participan todos los bautizados.

El papa Francisco recalcó en varias ocasiones la necesidad de que el Sínodo involucrara a todos y llegara al mayor número posible de personas. «Todos tienen un papel que desempeñar; nadie es un mero figurante… El Sínodo es para todos y está destinado a incluir a todos… Que todos entren… El Espíritu Santo nos necesita. Escúchenlo escuchándose unos a otros. No dejen a nadie atrás ni excluido» (papa Francisco, 18 de septiembre de 2021).

También destacó la necesidad de «una participación real de todos y cada uno» y de «una forma de actuar caracterizada por una participación auténtica… ¡Permitir que todos participen es un deber eclesial esencial! Todos los bautizados, porque el bautismo es nuestro documento de identidad» (papa Francisco, 9 de octubre de 2021).

El papa León plantea así la cuestión de la participación sinodal: «La sinodalidad es… una apertura, una disposición para comprender… Todos y cada uno de los miembros de la Iglesia tienen una voz y una función que desempeñar mediante la oración, la reflexión… el diálogo y el respeto mutuo». Al mismo tiempo, el Santo Padre subraya: «En ocasiones [la sinodalidad] se ha interpretado como una disminución de la autoridad. En realidad, nos ayuda a comprender más profundamente el significado de la autoridad misma, que existe para salvaguardar la comunión, fomentar la participación de todos y guiar el camino común de la Iglesia» (León XIV, Consistorio Extraordinario con el Colegio Cardenalicio, 26 de junio de 2026).

En ocasiones, la Diócesis de Phoenix invita a grupos específicos de la Iglesia en general a participar en conversaciones sinodales. Por ejemplo, el Sínodo Diocesano de Jóvenes Adultos de 2025 incluyó sesiones de escucha sinodal a las que se invitó expresamente a participar a todos los jóvenes adultos de entre 18 y 39 años, especialmente en sus comunidades locales, sin excluir a nadie.

En 2026, mientras continuamos con nuestro Plan Pastoral Diocesano de siete años, TILMA, el enfoque es más amplio: todos —todos los bautizados, sin importar su edad— están invitados a participar en las sesiones de escucha sinodal sobre los sacramentos.

Una Iglesia sinodal es una Iglesia que camina unida bajo la guía del Espíritu Santo, en la que todos los bautizados participan de acuerdo con su vocación, los pastores ejercen la autoridad al servicio de la comunión y todo el Pueblo de Dios discierne unido la mejor manera de proclamar el Evangelio.

El papa Francisco nos enseñó que «ser una Iglesia sinodal significa ser una Iglesia que es sacramento de la promesa de Cristo de que el Espíritu estará siempre con nosotros» (papa Francisco, 18 de septiembre de 2021). También describió una Iglesia sinodal como una «Iglesia de la escucha» y una Iglesia de «cercanía, compasión y ternura» que refleja mejor el «estilo de Dios» (papa Francisco, 9 de octubre de 2021).

El papa León XIV ha ofrecido una respuesta sencilla, pero teológicamente rica, a esta pregunta. Para él, ser una Iglesia sinodal no consiste principalmente en adoptar una nueva estructura o un conjunto de procedimientos, sino en encarnar una manera de ser Iglesia arraigada en la comunión, la participación, el discernimiento y la misión.

Ser una Iglesia sinodal puede resumirse en los siguientes cinco temas:

  • Una Iglesia sinodal es una Iglesia que camina unida en comunión.
  • Una Iglesia sinodal escucha antes de decidir.
  • Una Iglesia sinodal incluye la participación de todos los bautizados.
  • Una Iglesia sinodal conserva su estructura jerárquica.
  • Una Iglesia sinodal existe para la misión.

Nuestro Santo Padre ha señalado que nuestros esfuerzos sinodales «convergen en una sola pregunta: ¿Cómo podemos ayudar hoy a nuestras Iglesias a proclamar el Evangelio con mayor fidelidad, libertad y credibilidad?» (León XIV, Consistorio Extraordinario con el Colegio Cardenalicio, 26 de junio de 2026).

El propósito de cualquier sínodo o sesión de escucha sinodal no es recopilar las opiniones individuales de todos, sino escuchar lo que el Espíritu Santo nos dice por medio de nuestras oraciones y reflexiones. Escucharnos unos a otros es muy importante. El papa Francisco afirmó, durante una asamblea del Sínodo de los Obispos: «Escuchamos, dialogamos en grupos, pero, sobre todo, prestamos atención a lo que el Espíritu quiere decirnos».

Este discernimiento no es una actividad que se realice de manera aislada. La escucha y la reflexión mutuas son esenciales, pues lo que se propone nace de la unidad y de la convicción que surgen de vivir la fe en comunidad.

El proceso de discernimiento espiritual requiere la participación de todos. La Iglesia pide a todos que estén abiertos al Espíritu Santo y que disciernan hacia dónde está siendo guiada la Iglesia local dentro de su propio contexto. La Iglesia pide a los obispos que escuchen atentamente las opiniones de los fieles y pide a los fieles que respeten la función auténtica del obispo como quien gobierna la Iglesia local y promueve la comunión.

El discernimiento siempre está orientado hacia la misión de la Iglesia universal, que avanza continuamente hacia Cristo —el Camino, la Verdad y la Vida—, quien llama a su pueblo a la unidad de propósito.

Las sesiones de escucha de la Diócesis de Phoenix siguen un formato específico conocido como “Conversación en el Espíritu”, un tipo de conversación que tiene sus raíces en la espiritualidad ignaciana.

Por lo general, los participantes se sientan en mesas redondas, en grupos de seis a ocho personas. La conversación espiritual comprende los siguientes pasos:

Los participantes comienzan con unos momentos de silencio, concentrándose en permanecer abiertos al Espíritu Santo mientras meditan la pregunta presentada para el discernimiento. A continuación, se realizan tres rondas de conversación. Cuando una persona habla, todos los demás escuchan atentamente. No es un momento para debatir ni refutar, sino para permanecer abiertos a lo que expresa la persona que está hablando.

Primera ronda de conversación: Cada persona tiene la oportunidad de hablar. Durante esta ronda no hay diálogo y, al terminar, se guarda un tiempo de silencio para reflexionar.

Segunda ronda de conversación: Siguiendo el mismo formato, cada persona comparte lo que más le llamó la atención o resonó en ella durante la primera ronda, así como lo que pudo haber surgido en su interior durante el tiempo de silencio. Una vez más, se hace una pausa para reflexionar.

Tercera ronda de conversación: Finalmente, durante la tercera ronda, cada participante reflexiona sobre aquello que lo conmovió más profundamente. ¿Qué nuevas perspectivas surgen? ¿Cuáles son los temas comunes o los frutos de las conversaciones?

Un relator toma nota de lo expresado durante la tercera ronda, pero no identifica quién dijo cada cosa, a fin de respetar la confidencialidad. Si participa un gran número de personas —distribuidas en varias mesas—, normalmente se celebra una sesión plenaria en la que cada relator comparte las perspectivas registradas en su mesa.

El facilitador principal o relator general toma nota de estas perspectivas, que posteriormente se presentan a todo el grupo para continuar el discernimiento y establecer prioridades. Finalmente, las recomendaciones resultantes se presentan a la autoridad eclesiástica competente para su discernimiento y las actuaciones correspondientes.