Este año (2026) se cumple el 250.º aniversario de la fundación de nuestra nación. En preparación para este momento histórico, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) consagrará a los Estados Unidos al Sagrado Corazón de Jesús el 11 de junio.
Todos están invitados a unirse a la Novena al Sagrado Corazón de Jesús, que la USCCB y personas de todo el país rezarán del 3 al 11 de junio, en preparación para la consagración. Todos están invitados a rezarla entonces, o en cualquier momento entre ahora y el 4 de julio.
Al prepararnos para esta increíble ocasión, volvamos nuestra mirada al Sagrado Corazón, que nos recuerda que el amor de Cristo no es abstracto ni distante; su Corazón late por nosotros.
Una novena es una serie de oraciones que se rezan durante nueve días consecutivos, con el propósito de pedir una gracia especial, presentar una petición específica o simplemente profundizar la propia devoción a Dios, a la Virgen María o a los santos. La palabra “novena” proviene del latín novem, que significa “nueve”, y tiene raíces profundas en la historia del cristianismo.
El origen bíblico de la novena se encuentra en los Hechos de los Apóstoles, cuando los discípulos de Jesús, junto con la Virgen María, se reunieron para orar durante los nueve días entre la Ascensión de Jesús y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Este acontecimiento se considera la primera novena cristiana, ya que los apóstoles, siguiendo las instrucciones de Cristo, perseveraron en la oración mientras esperaban el don del Espíritu Santo (Hechos 1, 12-14).
Desde entonces, esta práctica ha sido adoptada por la Iglesia en momentos de necesidad especial, como preparación para fiestas importantes o como una forma de intercesión ante Dios por medio de los santos.
Fuente: https://catholicus.eu/en/what-is-a-novena-why-how-and-when-to-do-one/
Al crear esta novena, la USCCB se inspiró en la exhortación apostólica del Papa León XIV, Dilexi Te (Te he amado), y en la encíclica del Papa Francisco, Dilexit Nos (Él nos amó).
El 4 de octubre de 2025, el Papa León XIV publicó Dilexi Te, la primera exhortación apostólica de su pontificado, es decir, una carta pastoral para animar a los fieles. Su mensaje fue compartido para alentar y guiar a los fieles en el amor mutuo, especialmente hacia los pobres.
El 24 de octubre de 2024, el Papa Francisco publicó Dilexit Nos, su cuarta y última encíclica, una carta formal del Papa emitida para comunicar enseñanzas importantes, orientación o mensajes pastorales a la Iglesia.
La encíclica fue publicada durante el 350.º aniversario de la primera aparición del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque en Francia en 1673, una de las cuatro visiones que dieron lugar a la amplia difusión de la devoción al Sagrado Corazón.
En su encíclica, el Papa Francisco enfatizó que nada puede separar a la humanidad del amor de Cristo. También exploró temas como el corazón como núcleo de nuestro ser, el Corazón de Jesús como humano y divino, y acciones concretas para vivir el amor de Cristo en la vida diaria.
Lea Dilexi Te aquí:
https://www.vatican.va/content/leo-xiv/en/apost_exhortations/documents/20251004-dilexi-te.html
Lea Dilexit Nos aquí: https://www.vatican.va/content/francesco/en/encyclicals/documents/20241024-enciclica-dilexit-nos.html
Señor, hoy vengo a tu tierno Corazón, a Ti que tienes
palabras que encienden el mío, a Ti que derramas
compasión sobre los vulnerables y los pobres,
sobre los que sufren y sobre toda miseria humana.
Deseo conocerte más, contemplarte en el Evangelio,
estar contigo y aprender de Ti y del amor con que te
dejaste tocar por todas las formas de pobreza.
Tú nos mostraste el amor del Padre amándonos sin
medida con tu Corazón divino y humano.
Concede a todos tus hijos la gracia del encuentro
contigo. Cambia, moldea y transforma nuestros
planes, para que sólo te busquemos a Ti en cada
circunstancia: en la oración, en el trabajo, en los
encuentros y en nuestra rutina diaria.
Y desde este encuentro, envíanos en misión; una
misión de compasión por un mundo en el que eres la
fuente de donde fluye toda consolación.
Amén.
Señor Jesús, diste tu vida por nosotros.
Tu Sagrado Corazón arde con amor.
Tu mano se extiende hacia mí y hacia todos,
ofreciendo amor, misericordia y sanación.
Sagrado Corazón de Jesús que tu amor me
transforme. Consume con tu fuego mis dudas para
que pueda convertirme en tu amor e irradiar
tu misericordia.
Amén.
Sacratísimo y muy amado Corazón de Jesús,
estás oculto en la Santa Eucaristía y sufres aún
por nosotros. […] Te venero, pues, con todo mi
mejor amor y reverencia, con mi ferviente
afecto, con mi mayor sumisión y la más resuelta
voluntad. Dios mío, cuando condesciendes a
sufrir que te reciba, te coma y te beba, y por un
momento estableces tu morada en mí, haz que
mi corazón lata con el tuyo”.
Amén.
(Meditaciones y devociones, Edibesa, Madrid 2007, 310)
Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y
el tesoro de compasión inagotable, vuelve a
nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu
misericordia en nosotros, para que en momentos
difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos,
sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu
santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia
mismos.
Amén.
(El Diario: La Divina Misericordia en mi alma, 950)
Señor Jesús, Salvador del mundo y
fuente de santidad, mira con bondad a todos
los que has elegido para ser misioneros de
tu amoroso Corazón.
Pídele a tu Padre celestial que nos guarde en tu
amor, y nos santifique en la verdad para que seas
glorificado en nosotros y podamos reflejar tu bondad.
Pídele a tu Padre que nos guarde del mal
para que siempre permanezcamos unidos por lazos de amor.
Así como eres uno con tu Padre, que seamos uno
con los demás en tu divino Corazón,
cuyos sentimientos serán por siempre nuestros
y al cual nos consagramos en el tiempo y
por la eternidad.
Amén.
Jesús mío, te amo con todo mi corazón.
Lamento haberte ofendido tantas veces tu
infinita bondad. Con la ayuda de tu gracia,
me propongo no volver a ofenderte nunca más. Y
ahora, aunque indigno soy,
me consagro a Ti sin reservas.
Renuncio y te entrego enteramente mi voluntad, mi
afecto, mis deseos y todo lo que poseo.
Amén.
Creo, Señor, pero fortalece mi fe.
Corazón de Jesús, te amo, pero aumenta mi amor.
Corazón de Jesús en Ti confío, pero vigoriza mi esperanza.
Corazón de Jesús te entrego mi corazón, mas enciérralo tan
profundamente en el Tuyo que ya no pueda separarse de él jamás.
Corazón de Jesús, soy todo tuyo, pero custodia mi promesa,
a fin de que pueda ponerla en práctica,
hasta el total sacrificio de mi vida.
Amén.
Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón, y vuestra alma encontrará descanso”. Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su
descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo, te rebajas hasta lavar los pies a tus
apóstoles… Te ruego, divino Jesús, que me envíes una humillación cada vez que yo intente colocarme por
encima de las demás. Yo sé bien Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le
concedes una eternidad gloriosa… Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas
veces: “¡Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!”.
Amén.
Sagrado Corazón de Jesús:
Tú conoces los anhelos de nuestro corazón y deseas que disfrutemos de tu amistad.
De tu costado traspasado has derramado el manantial de vida, del que tenemos sed.
Tu corazón arde de amor para que todas las personas vuelvan a tener una relación verdadera contigo.
Celebramos los abundantes dones que has brindado a esta nación, fundada en las verdades evidentes que
nuestro Creador ha dotado a todas las personas del derecho a la vida, a la libertad y a la búsqued
de la felicidad.
Ofrecemos reparación por las ofensas contra ti y contra la dignidad humana ocurridas en esta nación.
Que nuestros corazones se unan al tuyo, para que nuestras familias y comunidades gocen de paz y felicidad;
que las relaciones dañadas se reconcilien, las injusticias se reparen y las heridas de nuestra tierra se sanen.
Que tu santa Iglesia católica sirva de signo, mostrando a todos tu amor infinito.
A ti, que eres el Deseo de las Naciones y el Centro de la Historia, te pedimos que bendigas a estos Estados Unidos de América.
Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, ¡ten piedad de nosotros!
Inmaculado Corazón de María, ¡ruega por nosotros!