photo of war torn area

Guerra Justa

Respect Life Ministries

“A causa de los males e injusticias que toda guerra trae consigo, debemos hacer todo lo razonablemente posible para evitarla. La Iglesia ora: “De la guerra, del hambre y de la peste, líbranos, Señor””
CCC 2327

El Catecismo de la Iglesia Católica inicia su sección sobre la guerra con esta solemne advertencia:
“El quinto mandamiento prohíbe la destrucción intencional de la vida humana. A causa de los males e injusticias que acompañan a toda guerra, la Iglesia exhorta insistentemente a todos a la oración y a la acción para que la Bondad divina nos libre de la antigua esclavitud de la guerra”.

El papa san Juan Pablo II, quien sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y cuyo pontificado tuvo que afrontar guerras que involucraron a millones de católicos, hizo este clamor apasionado en Centesimus Annus:

“¡Nunca más la guerra! No, nunca más la guerra, que destruye la vida de personas inocentes, enseña a matar, trastorna incluso la vida de quienes matan y deja tras de sí una estela de resentimiento y odio, haciendo cada vez más difícil encontrar una solución justa a los mismos problemas que provocaron la guerra” (52).

Aunque la guerra pueda ser glorificada en películas y videojuegos, cualquier veterano de combate puede resumir su experiencia con la frase tantas veces repetida: “la guerra es un infierno”. Sin embargo, aunque la guerra siempre conlleva males que se producen en el combate, en algunas circunstancias no intervenir puede constituir un mal aún mayor. Esta es la base de la enseñanza de la Iglesia sobre la posibilidad de que una nación pueda librar una guerra justa.

Basada en los escritos de san Agustín, la teoría católica de la guerra justa exige que se cumplan cuatro condiciones para que una guerra sea moralmente justa:

  • El daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones debe ser duradero, grave y cierto.
  • Todos los demás medios para ponerle fin deben haberse demostrado impracticables o ineficaces.
  • Debe haber probabilidades serias de éxito.
  • El uso de las armas no debe producir males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción pesa enormemente al evaluar esta condición (CIC 2309).

En otras palabras, solo pueden considerarse justas o morales aquellas guerras que se libran en defensa frente a un mal grave, cuando todas las opciones pacíficas para resolver el conflicto han fracasado, y cuando existe una posibilidad razonable de victoria sin recurrir a males peores que el mal que se combate.

P: ¿Puede un católico servir en el ejército?

R: Sí. De hecho, la Iglesia llama a todas las personas a ser buenos ciudadanos al servicio de gobiernos legítimos. Sin embargo, un católico que sirve como miembro de las fuerzas armadas debe discernir la moralidad de cualquier conflicto en el que participe.

Si un católico recibe la orden de cometer un acto intrínsecamente malo, como el asesinato directo e intencional de un civil desarmado o la tortura de un prisionero de guerra, debe negarse a obedecer esa orden, incluso si dicha orden es legal en su país y la desobediencia conlleva castigo.

El Catecismo enseña:

“Los no combatientes, los soldados heridos y los prisioneros deben ser respetados y tratados humanamente. Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes, así como las órdenes que mandan cometer tales acciones. La obediencia ciega no basta para excusar a quienes las ejecutan” (CIC 2313).