“«”Permítanme también señalar, frente a las frecuentes e injustas acusaciones de insensibilidad dirigidas a la Iglesia, su constante apoyo a la investigación dedicada a la curación de enfermedades y al bien de la humanidad a lo largo de sus 2,000 años de historia. Si ha habido resistencia —y si aún la hay— fue y es frente a aquellas formas de investigación que prevén la supresión planificada de seres humanos que ya existen, aunque aún no hayan nacido. En tales casos, la investigación, independientemente de los resultados terapéuticos eficaces, no está verdaderamente al servicio de la humanidad”.
— Papa Benedicto XVI, “Células madre: ¿qué futuro para la terapia?” (2006)
La investigación con células madre embrionarias (ICME) implica la extracción de embriones humanos (generalmente embriones descartados de clínicas de fertilización in vitro) para obtener sus células madre, las células primordiales del cuerpo que tienen el potencial de convertirse en cualquier otro tipo de célula (como hueso, músculo o nervio) y que podrían utilizarse para reparar células dañadas en un paciente enfermo (por ejemplo, convertir células madre en células nerviosas para reparar una médula espinal lesionada).
Sin embargo, el proceso utilizado para extraer estas células mata al embrión humano, y por lo tanto no puede ser tolerado en una sociedad justa.
Además, junto con la obtención de células madre del cordón umbilical y de otras fuentes lícitas, los científicos están descubriendo que pueden crear células madre tomando células de la piel de adultos y “reprogramándolas” para que actúen como células totipotentes, sin que sea necesario dañar o destruir embriones reales.
La clonación humana, o transferencia nuclear de células somáticas (TNCS), es un proceso mediante el cual el código genético (ADN) de una persona se introduce en un óvulo humano vacío. Al estimular el óvulo con electricidad, los científicos pueden crear una copia genética idéntica del ser humano del cual se obtuvo el ADN. Si el embrión creado en el laboratorio se implanta en el vientre de una mujer, podría desarrollarse hasta convertirse en una copia plenamente desarrollada del donante original.
No hace falta decir que la clonación humana es un atentado contra la dignidad de la persona humana, porque priva al clon de un padre y una madre amorosos, lo convierte en el resultado de un proceso de fabricación y degrada su valor ante la sociedad al reducirlo a su semejanza con el original. Además, los animales clonados (como las ovejas) tienden a presentar graves problemas de salud.
Para salvaguardar la dignidad de la persona humana, la investigación con células madre embrionarias y la clonación humana deben ser rechazadas con el mismo vigor con que se rechazan el aborto, la eutanasia y todas las demás ofensas contra la vida humana. El documento del Vaticano de 2008 Dignitas Personae resume esta situación de la siguiente manera:
“Crear embriones con la intención de destruirlos, incluso con la finalidad de ayudar a los enfermos, es completamente incompatible con la dignidad humana, porque reduce la existencia del ser humano en su etapa embrionaria a un simple medio que puede ser usado y destruido. Es gravemente inmoral sacrificar una vida humana con fines terapéuticos” (30).
¿No deberíamos usar los embriones descartados que de todos modos van a morir para ayudar a encontrar curas para personas enfermas?
“Antes de formarte en el seno materno, te conocía; antes de que nacieras, te consagré; te constituí profeta de las naciones”
— Jeremías 1,5
R: Es una tragedia que cualquier ser humano sea “desechado” y que no exista un medio lícito para remediar la situación. Sin embargo, esto no nos da licencia para agravar la injusticia, utilizando los cuerpos de estos seres humanos como material para experimentos médicos. En cambio, estos seres humanos deben recibir una muerte digna, y no deberían crearse más embriones humanos.
La situación puede compararse con la de niños que mueren de hambre en el Tercer Mundo y que “de todos modos van a morir” debido a nuestra incapacidad para proporcionar ayuda internacional. Esta situación trágica ciertamente no justificaría utilizar a estos niños para experimentos médicos y luego desecharlos como residuos clínicos.
Dignitas Personae aborda esta cuestión y responde:
Las propuestas de utilizar estos embriones para la investigación o para el tratamiento de enfermedades son claramente inaceptables, porque tratan a los embriones como simple “material biológico” y conducen a su destrucción. La propuesta de descongelar estos embriones sin reactivarlos y utilizarlos para la investigación, como si fueran cadáveres comunes, también es inaceptable” (19).
“En relación con el gran número de embriones congelados que ya existen, surge la pregunta: ¿qué hacer con ellos? Algunos de quienes plantean esta cuestión no captan su dimensión ética, motivados por leyes de algunos países que exigen que los centros de criopreservación vacíen periódicamente sus depósitos. Otros, en cambio, son conscientes de que se ha cometido una grave injusticia y se preguntan cómo responder adecuadamente al deber de resolverla.