Comités Parroquiales Pro-Vida
Comuníquese con nuestra oficina para obtener información sobre cómo iniciar un comité parroquial de respeto a la vida, así como sobre los recursos locales disponibles.
El comité parroquial de respeto a la vida colabora de manera especial ayudando a que la parroquia sea un centro de vida, un lugar donde los feligreses comprendan los temas y la importancia de atender las necesidades de quienes son más vulnerables —especialmente las madres y sus hijos no nacidos, los ancianos y quienes están gravemente enfermos o en etapa terminal, junto con sus familias. Puede ser un comité independiente o un subcomité de otra organización parroquial.
El presidente del comité parroquial es nombrado por el párroco, y es importante que ambos puedan trabajar bien juntos. El presidente recluta voluntarios para ayudar a satisfacer las necesidades que atiende el comité. Los comités parroquiales deben tener presente la necesidad de renovación periódica en cuanto a membresía, talentos e intereses.
El comité parroquial depende del director diocesano pro-vida para recibir información y orientación. Debe desempeñar un papel vital en la vida parroquial y contar con el fuerte apoyo de los sacerdotes y de otros miembros clave del personal. Asimismo, el comité debe coordinar sus esfuerzos, cuando sea oportuno, con otros programas de la parroquia. Por ejemplo, en muchas partes del país las parroquias realizan programas en los que los feligreses estudian y dialogan sobre las enseñanzas de la fe. Los miembros del comité pro-vida deben participar en estos programas e invitar a los responsables de otros ministerios a colaborar en iniciativas pro-vida.
Objetivos del comité parroquial pro-vida
- Coordinar la implementación parroquial del Programa Anual de Respeto a la Vida, promoviéndolo entre las agencias y organizaciones de la parroquia, especialmente las escuelas y los programas de educación religiosa; y animar a los grupos parroquiales de diálogo a utilizar el programa como base para sus reflexiones.
- Promover y apoyar la orientación ante el embarazo y los servicios integrales de apoyo a la maternidad, así como los programas de consejería y reconciliación post-aborto, y darlos a conocer ampliamente en la parroquia y en la comunidad local.
- Desarrollar o adoptar, cuando sea posible, un ministerio parroquial dirigido a mujeres embarazadas y a sus hijos.
- Animar y apoyar la participación de los feligreses en servicios que ayuden a quienes están crónicamente enfermos, discapacitados o en etapa terminal, y a sus familias.
- Patrocinar programas de oración en la parroquia por las madres y sus hijos no nacidos, por quienes están muriendo, por las personas con discapacidad, por los prisioneros condenados a muerte y por quienes han sido afectados por sus acciones, y en general por todos los necesitados, para que la cultura de la muerte que nos rodea sea reemplazada por una cultura de vida.
- Fomentar la conciencia sobre la necesidad de restablecer la protección legal de la vida de los niños por nacer en la mayor medida posible y de salvaguardar legalmente la vida de quienes están crónicamente enfermos, discapacitados o en etapa terminal.
- Mantener informados a los feligreses sobre legislación importante próxima; y, bajo la dirección del director diocesano pro-vida, organizar campañas de cartas, postales u otras actividades apropiadas cuando se anticipen votaciones relevantes.